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¿Constitución dúctil?: Una comparación necesaria en tiempos del COVID-19

Lamentablemente, la Constitución Política del Perú del año 1993 ha dejado varios vacíos en nuestra legislación. Vacíos que se hacen presente en situaciones extraordinarias como la que estamos viviendo hoy en día.

A diferencia de la Constitución de 1979, la cual era taxativa al mencionar que el Estado podía estimular y reglamentar el ejercicio económico para armonizarlo con el interés social, la actual ata de manos y pies al Poder Ejecutivo. Este no tiene poder alguno por sobre las decisiones económicas que tomen las empresas en el tipo de circunstancias en la que nos encontramos actualmente. El Estado de Emergencia, según como se regula desde 1993, solo contempla conflictos de corte social o político, mas no emergencias económicas, como las que se vienen, o ya están acá.

Esto significa que se podrán cortar los servicios de telecomunicaciones y electricidad, quitándole a muchos niños, niñas y adolescentes la posibilidad de recibir algún tipo de educación durante este contexto. Se podría, también, cortar el servicio de agua, cuando lavarse las manos puede ser la diferencia entre enfermar o no.

En resumen, se puede afectar la vida de las personas a consecuencia de una ausencia de regulación en favor del ciudadano, y la única herramienta a la mano es apelar al compás moral empresarial.

Lo que se pretende con este artículo es poner en debate el hecho de que el Estado tiene la obligación de garantizar la llegada de servicios básicos a sus ciudadanos, especialmente a las poblaciones en situación de vulnerabilidad, por lo menos durante el lapso del Estado de Emergencia.

A diferencia de las normas con rango legal, por ejemplo, la Constitución tiene que tener la característica de ser dúctil, de poder amoblarse a los diferentes contextos socio-políticos y económicos que ocurran. Por ello está tan llena de principios y no tanto de reglas, como las entienden Zagrebelsky o Dworkin u otros juristas.

Sin embargo, el problema en Perú es que nuestras constituciones suelen ser hijas de un tiempo y espacio determinado. La de 1993 es hija del Consenso de Washington, de las economías de los años 90´ que regresaban a la “derecha” después del pequeño “boom” que tuvo la “izquierda”. Y es así que, podemos ver, en situaciones como las actuales, nuestra Constitución no es dúctil, es estática y por lo tanto obsoleta. Lo mismo sucedió meses atrás cuando el texto constitucional no pudo resolver el conflicto de competencias entre el legislativo y el ejecutivo, donde entró a tallar el Tribunal Constitucional.

Es así que, lo que se propone es una modificación constitucional que permita dotar al Ejecutivo de las herramientas necesarias para encontrar salidas a problemas como los que pueden ser el corte de sevicios basicos a causa de ausencia de pagos.

En ese sentido, tomando de ejemplo otros países, en Colombia están asumiendo el pago de servicios básicos los municipios y gobiernos locales, en España se ha garantizado el abastecimiento de servicios básicos a poblaciones en especial estado de vulnerabilidad.

¿Si el Estado no puede garantizar este mínimo de igualdad social, entonces qué puede garantizar?

Finalmente, recurriendo a un ejemplo mucho más cercano, en nuestra propia Constitución de 1979 se hallaban dos artículos que podrían dar respuesta a mucho de los problemas que hemos tenido frente a la especulación de precios y abusos de posición de dominio por parte de diversas empresas:

  • Artículo 115: ­La iniciativa privada es libre. Se ejerce en una economía social de mercado. El Estado estimula y reglamenta su ejercicio para armonizarlo con el interés social.
  • Artículo 132: ­En situaciones de crisis grave o de emergencia el Estado puede intervenir la actividad económica con medidas transitorias de carácter extraordinario.

Es cierto que las situaciones de crisis grave o emergencia del Estado deben de quedar bien definidas para que no se cometan excesos, pero no deja de ser menos cierto que necesitamos normas que permitan dar herramientas eficaces al Gobierno para que este pueda luchar contra la crisis que tenemos encima y las demás que puedan venir. Es necesario contar con una Constitución dúctil.

Adrian Bazo Cannock

Egresado de la Escuela Profesional de Derecho de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

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