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La Escuela de Derecho, Noticias 2 diciembre, 2019

Qué implica pensar como abogado(a): ¿En esa reflexión hay espacio para la ética?

Recientemente, la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Ana Teresa Revilla, presentó públicamente el nuevo Código de Ética del Abogado que es un trabajo conjunto entre docentes, estudiantes y decanos de las diversas universidades del país y la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados.

Dicho Código busca reforzar la pedagogía de enseñanza del Derecho desde un enfoque ético y diseñar de tal manera la curricula para responder a la crisis ética que asola nuestro país. Sin embargo, salta en un primer momento la siguiente pregunta: ¿Qué implica pensar como abogado(a)? Para responder a esa pregunta es necesario reevaluar nuestra forma en cómo hemos construido nuestros prejuicios en torno a la realidad actual de la crisis del Sistema de Justicia y la institucionalidad del Estado porque hemos perdido de vista el rol de la educación y de la oferta académica en las diferentes facultades que ofrecen la carrera de Derecho. Pareciese que “el pensar y actuar como abogado” es exclusivo de leer la norma y aplicarla pero así se pierde de vista que la enseñanza debe motivar al estudiante a generar procesos metacognitivos que conduzcan a una reflexión más amplia sobre su realidad, su proceso formativo y el futuro.

Ese horizonte aún es un reto, desde muchas direcciones de Facultades de Derecho se espera que los estudiantes puedan conocer la norma o de los principios que lo inspiran pero el ir más allá cuestionando el por qué y para qué se su producción aún es un valor agregado que aún no se ha conquistado. En suma, excluyen la posibilidad que los estudiantes puedan configurar espacios reflexivos para la compresión de las estructuras que soportan el ordenamiento jurídico desde el juicio crítico o desde una lógica multidisciplinaria.

Finalmente, otro espacio de formación importante son los centros de prácticas pre profesionales donde los futuros profesionales del Derecho complementarán la formación teórica y la pondrán en práctica en estos lugares. Sin embargo, sigue siendo necesario un sistema de monitoreo eficaz y potente para velar porque estos centros sean escuelas para el fortalecimiento de valores éticos- académicos, donde se potencie una serie de habilidades blandas útiles en el ambiente laboral y social y no como escuelas donde se enseña al estudiante a corromper el sistema, justificar el propio incumplimiento o interpretar para el propio beneficio. Sin duda alguna los retos soy muy grandes y la Escuela de Derecho de la Ruiz sigue apostando por la creación de más espacios que nos conduzcan a una reflexión profunda de nuestra realidad en pro de un sistema más justo y humano desde una lucha frontal a todo tipo de corrupción.

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